El bus recorre la A-5 con total normalidad hasta que comienza a dar saltos. Con algunos baches y muchos parches recibe Extremadura a todo aquel que decide visitarla. No se vuelve por gusto; se vuelve por encanto, por atracción, porque es imposible no volver. El agua transparente y limpia se adueña de las gargantas como el metro de los túneles por los que circula, pero sin ruido ni contaminación. Aquí, el bullicio es una excepción, una indicación de que algún festejo se acerca.
Con la llegada del verano los pueblos crecen, se multiplican. El acento con tintes vulgares se mezcla con palabras venidas del resto de España. En este periodo del año la originalidad y la diversidad se apoderan aun más de esa tierra verde. Es ahora, más que nunca, cuando se necesita volver. 
Etiquetas: Extremadura
Julio 23, 2008 a las 2:14 pm |
Pues tu pueblo precisamente no es que se esté multiplicando este verano. JUSTO LO CONTRARIO!! Hay 4 gatos!! Pero aún así uno desea volver cuanto antes y cambiar los calores de la ciudad por el fresco de la montaña.