Cáceres es, ante todo, el lugar donde nací. Pero, además de eso, es una ciudad rica y emergente declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sabe combinar la tradición y el folklore con la integración de culturas y el dinamismo de la sociedad actual. Permite viajar en el tiempo para trasladarte a esa época en la que los señores de la ciudad se disputaban su dominio. Caminar por las calles de la zona monumental te hace advertir que fueron muchos los que pasaron por allí y que todos sientieron lo mismo: estaban en un lugar privilegiado, diferente, admirable.
Por todo esto e infinitas cualidades más, Cáceres merece ser Capital Europea de la Cultura en 2016. Después de tantos años alejada en las sufridas tierras extremeñas, debe ser reconocida internacionalmente por su valor y su apuesta hacia el futuro. Los extremeños seguiremos trabajando para conseguirlo.

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