“La literatura ha sido una especie de bálsamo, una terapia que me ha servido para sobrevivir con alegría”

By jugandoanoganar

VIRGINIA ALFONSO, Madrid
Ella es dulce, como aquella hermana que perdió y a la que consagra toda su obra. Inma Chacón (Zafra, 1954) comenzó a escribir cuando su hermana gemela Dulce, antes de irse para siempre, le encomendó la tarea de narrar la historia de una princesa india. A partir de ese momento nace la Inma novelista y poeta. Doctora en Ciencias de la Información, ex decana de la Universidad Europea y profesora de Documentación, compagina la docencia con su pasión por la escritura.

Desborda alegría y generosidad. Nada tiene que ver su sonrisa con el día gris que hace en la calle. Habla despacio, como si no quisiera que se le escapasen las palabras que no quiere decir. Procura no hablar de tristeza, como mucho, de un recuerdo triste. Ha sufrido, pero también ha aprendido que o se es fuerte o te haces fuerte. Sus ojos irradian energía positiva. Te atrapan y no puedes dejar de mirarlos hasta que se apartan de los tuyos. Ella es capaz de transmitir toda su fortaleza. Quiero empezar por Extremadura.

Pregunta. ¿Qué recuerda de su infancia en Zafra?

Respuesta. Para mí, la infancia es la seguridad de las manos de los padres que lo solucionan todo. Se te rompe un juguete y te lo arreglan. Tienes esa sensación de que todo es posible, de que todo tiene arreglo. Lo que me queda de la infancia son los años más bonitos, cuando estábamos todos, antes de salir de Zafra con 11 años. Nuestra vida, la de todos mis hermanos y la mía, está marcada por la ausencia. Ahora ya no estamos todos. La infancia es esa sensación de armonía, de que no puede pasar nada malo, de protección.

Pregunta. ¿Va mucho a Extremadura?

Respueta. Voy mucho porque me llaman mucho. Siempre que me llaman de Extremadura, voy. Sí, siempre que hay algo relacionado con Extremadura allí estoy yo, porque soy extremeña de corazón, de nacimiento y de pasión. También soy madrileña de adopción. Me gusta mucho Madrid, amo Madrid, me encanta vivir aquí. Es una ciudad acogedora, hospitalaria, tierna. Una ciudad donde se pueden hacer amigos hasta el la cola del autobús y en el metro. Pero mi tierra seguirá siendo siempre Extremadura.

Pregunta. ¿A qué le sabe Extremadura?

Respuesta. A mí me sabe a pan con aceite y sal. No rebanas, sino cuencos que nosotros llamábamos pocitos. Muchas veces nos lo daban para merendar en aquella época que no había barras de pan, sino hogazas. Cogíamos un trozo de la hogaza, sacábamos la miga, metíamos aceite y sal, y lo tapábamos otra vez con la miga. A nosotros nos encantaba merendar pocitos.

Pregunta. ¿Está de acuerdo con la afirmación de que para escribir bien hay que tener una buena formación?

Respuesta. No necesariamente. Tenemos un ejemplo clarísimo en Miguel Hernández. Él era pastor y no tenía buena formación, pero sí muchos conocimientos y muchas ganas de expresarlos. Después, una vez que te dispones a escribir, decides expresar esos sentimientos. Pero también es cierto que la gente que escribe intenta formarse. Es muy común ver a autodidactas que se dedican a la literatura. Pero para escribir, son necesarias muchas ganas, mucha necesidad de expresar algo.

Pregunta. ¿Cree en el don natural de escribir bien?

Respuesta. Hay mucha gente que piensa que existe ese don. Yo no creo mucho en los dones. Quizá hay una predisposición, pero creo que, sobre todo, influye mucho cómo te hayan inculcado desde pequeño las necesidades de expresión artística. Por ejemplo, en mi casa, mi padre nos leía poemas cuando éramos pequeños. Todos los hermanos tenemos esa predisposición a la poesía; es fácil que nosotros escribamos poesía.

Pregunta. ¿Dónde se forjó Inma Chacón?

Respuesta. Empecé a estudiar en Extremadura en un colegio interno, en las Carmelitas de Villafranca de los Barros. Después pasé a otro colegio de monjas en Madrid, también interno. Mi primera formación es católica apostólica romana. Precisamente yo creo que de ahí viene mi agnosticismo. Las monjas me enseñaron que hay muchas desigualdades sociales. Después fui a estudiar periodismo a la Universidad Complutense. La verdad es que tengo una mente muy científica y empecé estudiando biológicas pero tuve que abandonar. A mí me hubiera encantado terminar esa carrera. Por eso me dediqué a la documentación y ahora soy profesora de esta materia. En documentación sí que hay una parte matemática, toda la búsqueda de información, de bases de datos, etc. Cuando descubrí que en periodismo también había matemáticas dije: “anda, pues a esto me dedico yo”.

Pregunta. ¿Piensa igual que mucha gente que, después de haber estudiado en colegios católicos, no cree en Dios?

Respuesta. En las generaciones con las que a mí me tocó ir al colegio es muy común. Casi toda la gente de esta época se tuvo que plantear en algún momento de su vida quién es Dios o qué es Dios. ¿Es una idea? ¿Es una entelequia? ¿Es un mito? ¿Es alguien a quien recurren los curas y las monjas para que tú obedezcas? ¿Es un recurso de los estamentos eclesiásticos para tener a la gente sujeta, para tener al pueblo conforme, para que no se revelen? En el cristianismo se plantea que tienes que sufrir en la tierra porque en el cielo serás feliz. Pero no, yo quiero ser feliz aquí. Se ha dicho de usted que es escritora por herencia.

Pregunta. ¿Qué le debe a su hermana?

Respuesta. Le debo el estar en el mundo de la literatura. Yo nunca me hubiera dedicado a la literatura a no ser por ella, porque ella me pidió que escribiese La princesa india. Si no llega a ser por esto, yo seguiría en mi mundo, con mis clases. En una ocasión sí que empecé a escribir una novela, pero mi necesidad no era esa. A raíz de la muerte de Dulce, yo me quedé con el encargo de escribir una novela de una princesa azteca, que no es la novela de Dulce. A ella no le dio tiempo a escribir ni una sola palabra. Hay gente que piensa que yo terminé una novela que Dulce empezó. Ella se llevó su novela en la cabeza porque nunca contaba lo que pensaba. Yo escribí otra novela sobre una princesa azteca. A medida que empecé a investigar para escribir me di cuenta de que, por un lado, mi vida volvía a tener sentido. La muerte de Dulce es algo muy difícil de superar y encontré sentido a la vida a través de la literatura. Por otro lado, me sentía muy cerca de Dulce cuando escribía. Para mí, la literatura ha sido una especie de bálsamo, una terapia que me ha servido para sobrevivir con alegría. No sobrevivir sencillamente muriendo, sino vivir. La vida me la quitó, pero fue capaz, antes de irse, de decirme “tienes que seguir viviendo” y de darme el instrumento para que yo pudiera seguir viviendo: la literatura. Desde que empecé a elaborar La princesa india no dejo de escribir. Ahora me encanta y tengo esa necesidad.

Pregunta. Si Dulce estuviese ahora aquí, ¿seguiría escribiendo?

Respuesta. No, yo no escribiría. Esa pregunta me la hicieron muchas veces cuando ella estaba con vida y yo le acompañaba a todas partes. Éramos gemelas ejercientes; nos encantaba ser gemelas. Me preguntaban: ¿y usted no escribe? Yo siempre decía que para qué, si ya escribía Dulce y lo hacía fenomenal. No tenía la necesidad de escribir. El sueño era de ella, no mío. Mi sueño era dar clase en la universidad, y ya lo había cumplido.

Pregunta. La princesa india tiene un tono amargo, desgarrado pero, a la vez, amable y esperanzador. ¿Qué le llama más la atención de esta joven princesa?

Respuesta. No es amargo, ya lo verás. Yo precisamente quería que el libro fuese un homenaje a mi hermana y, por eso, tenía que ser algo dulce, como ella. He huido precisamente del desgarro porque éste ya estaba dentro de mí. La princesa es un libro esperanzador de una mujer valiente que se enfrenta a un nuevo mundo con las armas que trae de su viejo mundo, sabiendo que tiene que conservar su identidad hasta el final. Ella quiere seguir siendo azteca y defiende su cultura y su nombre. En el nombre está su yo.

Pregunta. ¿Para cuándo su próxima novela? ¿Será ésta una continuación de Las filipinianas?

Respuesta. Voy a escribir una continuación o más bien una segunda entrega. Será una prolongación de la saga familiar que se inicia en Las filipinianas. Tardaré bastante, un par de años o tres, porque tengo que investigar mucho y buscar mucha documentación.

Pregunta. ¿A qué se debe que las protagonistas de sus obras sean mujeres fuertes y luchadoras?

Respuesta. No lo he pensado nunca. Quizá influya que durante toda mi vida he estado rodeada de mujeres. Mi madre que, cuando mi padre murió, buscó la manera mantener a nueve hijos. Mis hijas, que para lo jóvenes que son han tenido que vivir circunstancias dramáticas. Y, por último, mi hermana, que ha sido un ejemplo de fuerza y vitalidad. Se muestra muy crítica con la sociedad en asuntos como la homosexualidad o el maltrato a las mujeres.

Pregunta. ¿Alguna vez ha tenido la pretensión de querer cambiar el mundo?

Respuesta. No, eso sería demasiado vanidoso por mi parte. Yo no puedo cambiar el mundo, pero lo que sí puedo hacer es expresar mi protesta contra algunas cosas que suceden en él. La gente que piensa como yo se identifica cuando lee mis columnas, donde me manifiesto más abiertamente contra todo eso. No se trata de cambiar al que no piensa como yo, sino de intentar que el mundo sea un lugar un poco más amable.

Pregunta. Con motivo del quinto aniversario de la muerte de José Couso usted ha publicado un artículo enjuiciando la Guerra de Irak. ¿Cómo cree que se pueden curar tantas heridas abiertas?

Respuesta. Curar, dices. Las heridas sólo se curan cuando pueden cicatrizar. Si están infectadas no cicatrizan nunca. En la Guerra de Irak hay una infección muy gorda. La mayor se llama Bush. Esperemos que Obama, que yo creo que va a ser el que gane las próximas elecciones, saque a las tropas de allí, ponga verdadero orden en su ejército y el país cambie. Bush lo ha emponzoñado todo y Aznar le ayudó a emponzoñarse, además de Blair y Durão Barroso. Ahora, para curar las heridas, hay que quitar toda esa mierda que echaron allí. Primero abrieron, desgarraron y, después, infectaron. Y ahora pretenden que se cierre. A la familia de Couso no se le puede cerrar la herida cuando los asesinos de su hijo y de su hermano están tranquilamente en Estados Unidos y no se les ha podido ni siquiera interrogar.

Pregunta. ¿Qué diferencias existen entre la mujer escritora y la mujer madre?

Respuesta. Ninguna, yo siempre soy madre en donde esté. Soy muy madre, incluso con mis alumnos. Los trato con mucho cariño, como ellos se merecen.

Pregunta. ¿Con qué palabras se definiría?

Respuesta. Soy una mujer tranquila. Tengo una amiga a la que le gusta mucho clasificar a los demás por una sola palabra. A mí me define como “fenomenal, fenomenal” porque yo siempre digo eso. Para mí todo es fenomenal. Soy muy positiva. Pretendo ver lo blanco antes que lo negro, el vaso medio lleno, la solución al mismo tiempo que el problema. Me gusta poner calma donde hay mucha algarabía. No me enfado con facilidad, pero cuando me enfado, me enfado mucho.

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